Tres puntas tiene el camino
Quizás hace falta pensar en un triángulo relacional, cuyo eje sean los antes llamados “menores”. ¿Se habla de esto en las conocidas campañas presidenciales o de senadores y diputados?
En estos días, muchos jóvenes están rindiendo sus pruebas para entrar a las universidades o a una institución de educación superior. Tal vez, alguno se acordará a última hora del lápiz Faber Nº 2 exigido y debe comprarlo rápidamente, porque es un requisito indispensable a la hora de responder. Sentados en aulas y en perfecto silencio, marcan sus respuestas con el rudimentario Faber, aunque los resultados sólo se entregan por internet y mensajes de texto. Entonces tenemos, por un lado, el lápiz Faber y, por otro, la cuarta pantalla. Dos instituciones y espacios sociales/simbólicos representados entre quienes están a punto de dejar su adolescencia.
La escuela y el sistema infocomunicativo (medios masivos + tecnologías digitales) forman parte de la experiencia cotidiana de estos estudiantes: una es impuesta, viene de afuera hacia adentro y la otra ya parece formar parte de sus vidas, están naturalizadas. Desde lejos, los profesores y padres miramos cómo van construyendo sus vidas y pareciera que somos los espectadores de una representación ajena. Ésta es probablemente una de las maneras en que los medios de comunicación muestran a los adolescentes. Nos narran en qué están. Y aquéllos que habitan nuestras casas y conviven en nuestras redes familiares, asoman en dimensiones desconocidas, que merecen ser relatadas masivamente. A la sensación de desconocimiento que nos llevó en algún momento a observar, leer y oír (o todo junto) de los emos, pokemones y otras “tribus urbanas”, se suman las imágenes seleccionadas por el periodismo, comentarios de algún “hablador” (Vargas Llosa) contemporáneo (léase sociólogo u otro especialista de las ciencias sociales) que nos intenta descifrar aquello que está a nuestro alrededor y que probablemente no entendemos a cabalidad.
Pasa el tiempo… algo cambia. Lo que habíamos aprendido ahora no nos sirve. Nos dicen que están surgiendo “otras transformaciones socioculturales”, ya no existen los emos y los pokemones o, mejor dicho, han mutado. Nuevamente al comienzo. Vendrán otros periodistas y especialistas a contarnos de qué va el tema.
Todo esto sucede en nuestras casas frente a un diario, la televisión u otra pantalla. Paralelo a esto, los adolescentes han colgado el uniforme y esperan que ciertos números (la PSU) les marquen el futuro profesional y laboral (los que pueden, por cierto). Sin embargo, la escuela -como institución- aparentemente sigue igual: el banco lo ocuparán otros y otras, quizás escucharán palabras similares en la misma estación del año y desde el mismo docente.
Sin duda que nuestra época está marcada por los cambios acelerados: fluidez/movimientos en las relaciones sociales. Escuela y sistema infocomunicativo no están sintonizados -ni deben estarlo-, pero tampoco se deben dar la espalda. Es necesario que se incrementen las conversaciones entre ambas instituciones permitiendo a los adolescentes y niños manejar ciertos criterios de consumo medial, despertar y promover la reflexión y, al mismo tiempo, disfrutar de los actos mediáticos. La escuela y los padres probablemente no puedan acompañar físicamente la experiencia comunicativa de los niños/adolescentes, pero eso no implica ausencia ni renuncia: hay que convertir ese tipo de acción social en una mesa para el diálogo y la formación. Éste es el desafío que asumió la Revista de Educación del Ministerio de Educación al incluir el tema de la comunicación y la educación en su número 333 (www.mineduc.cl/biblio/documento/200812161550020.Rev333%20Valente.pdf), abriendo un espacio poblado de voces que incitan la creación de conceptualizaciones y metodologías para acercar los medios masivos a la escuela. En este sentido, la clara visión de su directora al acoger ampliamente el tema en las páginas de esa edición especial, logra relevar una visión más completa para entrar en asuntos de frontera o emergentes.
No obstante, y así como en las historias que leemos o vemos, el tiempo pasa y el binomio comunicación y educación es insuficiente. Fue olvidado el invitado principal. Aquél o aquélla que estaba sentado en el aula, terminó la prueba, guardó el lápiz, se puso los audífonos, reconoció un tag en la pared y escruta con la mirada una ciudad que irá siendo blanco de sus propios símbolos, creaciones que serán registradas por un coolhunter para saber en que están los antiguos emos, pokemones, entre otros colectivos. Mientras, los medios de comunicación, la escuela y los padres intentamos conocer a estos adolescentes/jóvenes que se mueven en forma autónoma y centrados en sus propias narrativas.
Quizás hace falta pensar en un triángulo relacional, cuyo eje sean los antes llamados “menores”. ¿Se habla de esto en las conocidas campañas presidenciales o de senadores y diputados? Y usted, ¿qué opina?
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Mujer, chilena y líder de las escuelas de Saint Paul...
MARCELA ESTIBILL
MINNEAPOLIS, ESTADOS UNIDOS