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Hablan los padres de niños chinos intoxicados con leche adulterada

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El rin del angelito
Domingo 4 de enero de 2009 _NOM_SECCION1
Por  Mauricio Valenzuela / La Nación

A 41 años de su estreno, habla el protagonista de “Largo Viaje” de Patricio Kaulen

El rin del angelito

Considerada la primera película del cine realista social chileno, se confiesa el otrora niño que en un melancólico viaje al cementerio buscaba devolverle las alitas de papel a su hermanito muerto. También comentan el valor de la cinta realizadores como Andrés Wood y Gregory Cohen.


Patricio Kaulen tuvo dos hijos muy recordados: el primero fue una siniestra figura infantil hecha de yeso. El segundo, un niño de carne y hueso que se convirtió en protagonista de su propia y más entrañable película: "Largo Viaje".

Miembro de la Democracia Cristiana y presidente de Chilefilms en el Gobierno de Frei Montalva, Kaulen es considerado el pionero del cine realista social chileno. Nacido el 8 de abril de 1921 y muerto de una infección pulmonar en febrero de 1999, es el padre del anónimo -pero famoso- mocoso pobre. Un pililo como se decía en los años 60.

Se trata de Enrique, quien a los ocho años vimos perderse en los lindes blanco y negro de un Santiago desaparecido, intentando devolverle a su hermanito muerto las alas de papel volantín que le pusieron de adorno en su velorio. Y que "se le quedaron olvidadas" en su posterior viaje al Cementerio General.

EL VELORIO DE LA GUAGUA

"Pobrecita la guagüita / que del catre se cayó / ¡que se cayó hay sí¡ allá van 47, allá van 48, allá van 49 ...". Este estribillo folclórico cuya enumeración crece de acuerdo a los borrachos caídos en medio de su entonación, coronó la escena del velorio del angelito: una de las escenas más recordadas del cine criollo.

En ésta se ve el cadáver de un niño. Sentado en una silla de paja, aparece rodeado de una macabra fiesta campesina. Con esta delirante secuencia se inaugura el filme "Largo Viaje", el cual determina la continuidad de dos viajes mortuorios.

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"La guagüita existe todavía. Es un vaciado de un niño que murió y luego se sacó un original en goma al que nosotros curioseábamos levantando el vestido", dice Enrique Kaulen.
El primero, es cuando el padre de la criatura el fallecido actor Rubén Ubeira transporta al niño en una caja de fruta, arriba de una micro que va desde Arturo Prat hasta un cementerio cercano a Recoleta. El segundo es el que inicia el niño protagonista, quien al percatarse de que el bebé ha dejado sus alitas en la ceremonia, viaja a su encuentro entre los baldíos llanos y conventillos de calle Gálvez, cercanos al Paseo Bulnes. Se mueve por la populosa San Diego, el centro y sus recovecos proleta; Mapocho y un ambiente delictual y de putas, Avenida La Paz y a su ajetreado comercio de la Vega y la Pérgola de las Flores. El mismo chico que ahora tiene 50 años y que LCD encontró practicando Reiki en el sector oriente de la capital.

"EL ROTO PERICO"

Cada cierto tiempo se lo preguntan:

-Usted se me hace muy conocido pero no sé de dónde.

-¿A usted le gusta el cine chileno viejo?

- Sí, pero eso qué tiene que ver.

-¿Se acuerda del niñito que salía en la película ‘Largo Viaje’ de Patricio Kaulen?

"Este niño ya tiene 50 años", dijo Enrique la semana pasada cuando nos recibió en su centro de sanación energético en la calle Colón en Las Condes. Luego de haber trabajado en comerciales hasta los 12 años (para Bresler y la desaparecida marca Findus); estudiado actuación para darse cuenta que no era lo suyo, e incluso haber hecho de extra en el filme de Germán Bekett "Ayúdeme Usted Compadre de 1969", hoy está dedicado a algo completamente distinto: da vida a los enfermos crónicos y terminales que los médicos han desahuciado. Practica el chamanismo, la medicina alternativa y naturista con muy buenos resultados, y sigue una búsqueda espiritual que comenzó a sus 17 años, según cuenta, después de una enfermedad muy grave.

Conservando la misma sonrisa de hace 40 años, se sienta en un cómodo sillón, ubicado en una habitación con olor a incienso e imágenes orientales. Relajado retrocede a sus días como estrella de cine: "Hubo una cantidad enorme de niños de distintos barrios de Santiago queriendo ser el protagonista, el niño de la película que ni siquiera tenía nombre, aunque dentro del equipo de producción los argentinos que participaban le pusieron ‘el roto perico’".

-¿Y cómo te eligieron finalmente?

-Es que el equipo de filmación me veía rondar. Con mi familia vivíamos en Manquehue con Eloísa Díaz, a dos cuadras del estudio de Chilefilms donde mi papá era presidente. Pasábamos todo el día ahí jugando entre las cámaras. Me convertí en el niño actor por una insistencia de ellos y también por una cosa funcional. Era muy complejo tener un niño de 8 años como el actor de una película, ya que si era contratado a lo mejor no quería cumplir. Uno ve ideal ser niño del cine, pero estás trabajando duramente. Sobre todo a los ocho en que eres un personaje público. En este sentido tuve un asedio de los fanáticos hasta los 11 ó 12 años y cuando fue el estreno mi papá no me dejó ir. Todos se lo reprocharon ¿porqué no trajiste al Enriquito?, le decían.

-¿Pero supongo que también hubo aspectos positivos?

-Claro, porque eres muy querido y hay muchas mañas que se pueden lograr. A mí por ejemplo me sacaron en septiembre del colegio y volví al año siguiente. Mis compañeros de curso tenían fotos puestas mías y me hacían competencia. Andaba muy creído. De pago pedí dos bicicletas. Una para mí y otra para mi hermano. Dos para que obviamente el no me pidiera la mía (risas). También me acuerdo que me pagaron el equivalente a cien mil pesos de ahora y que mi voz la dobló una mujer.

-Hay una relación muy hermosa del personaje con un Santiago que ya no existe.

-Bueno, cuando niño eso me sirvió para conocer la ciudad después de que terminé la película. Santiago era muy distinto, no había la delincuencia que hay ahora. Tenía 10 años y me movía por todas partes en micro. Es bonito ver "Largo Viaje" y percibir cómo se ha ido modificando todo. La casa en la calle Gálvez hoy no existe. Construyeron una plaza y luego edificios. También sale Mapocho y avenida La Paz que parecía campo. Y el club de tiro donde comienza la película en Lo Curro, que existió y que después se convirtió en la mansión de Pinochet.

-Hay escenas muy freak como el velorio de la guagua muerta en el conventillo ¿cómo recuerdas eso?

La guagüita existe todavía. Es un vaciado de un niño que murió y luego se sacó un original en goma al que nosotros curioseábamos levantando el vestido. Era un cuerpo de alambre y sólo las manos y la cabeza eran de plástico. Me acuerdo que todo se hizo en una escenografía y que la música estaba cantada en vivo. ¿Sabías que la Luna que se veía en el cielo del conventillo era una bola de plumavit?

-¿Cómo ves la película después de tantos años?

-Desde la visión del niño y desde el que está detrás de las cámaras. Podríamos conversar horas. Te podría contar anécdotas como la que ocurrió mientras filmábamos en la Pérgola de las Flores. Fue en una etapa donde estaba muy cansado y no rendía mucho. Entonces para motivarme me decían que entremedio de las flores había un billete de cinco escudos para que yo hiciera la escena donde estaba buscando las alitas. En las tomas debajo del puente yo también estaba cansado y mi papá tenía una Citroneta y me hacían dormir ahí, bien tapado con una frazada. Cuando tenía que hacer la parte que me correspondía me despertaban. Yo bajaba, filmaba y después volvía a dormir. Además no me dejaron quedarme porque había una escena donde una niña se abría la blusa y yo quería puro mirarle las pechugas y no pude.

-¿La niña que estaba con el cojo?

-Claro. Y no eran actores. En la película había personajes reales y que fueron elegidos así, como el mismo cojo o Julio Tapia, el abuelo. Él era el portero de Chilefilms, vivió y murió ahí. También Palmita, el que lleva la carretela con caballos que deja finalmente a mi papá en el cementerio.

-¿Qué anécdotas recuerdas?

-Escenas. Había una en que me dijeron: "tienes que pasearte a poto pelado por el set". Era la parte donde el personaje se va a acostar con su abuelo. Fue difícil, él era el portero y yo era el hijo del presidente de Chilefilms. Me dio nervio (se ríe).

-La paloma era un símbolo recurrente en la película ¿qué significa?

-Es un hilo conductor, un arquetipo. Uno de los discursos paradigmáticos de mi papá era el bien y el mal y la paloma representaba el espíritu, la esperanza, la paz, el irse al cielo. Es la Divina Comedia que siempre estuvo presente en su modelo de mundo. LCD


UN CLÁSICO DE SANTIAGO CITY

Como dice Ascanio Caballo en su libro “Explotados y Benditos del Cine Chileno de los 60”, “Largo Viaje” trata de “una historia de pequeños seres terrestres vigilados siempre por pequeños seres halados”. Al personaje de este filme, considerado por su muy pensada simbología interna y la extremada inclinación religiosa de su autor, el más cristiano de aquellos años, siempre lo vigila una paloma que lo acompaña hasta el último plano: “la esperanza”, como tema acorde a la indiscutible vocación realista que no se desprende nunca de la indudable intención cristiana de Kaulen. “Su visión de la ciudad hostil aparece contrapuntada por los ritos y los hitos de la fe: el velorio del angelito, la imagen de la basílica de los Sacramentinos que acompaña la salida del padre, la iglesia de las Agustinas donde el niño se refugia de sus perseguidores, etc”.

“¡Un ícono!” en todo su ámbito, como opina enfática la restauradora Carmen Brito, jefa del área técnica de la Cineteca Nacional, recordando que hasta el año pasado, de “Largo Viaje” existían sólo tres copias en muy mal estado y no había ningún negativo. “Tuvimos que mandar a México estas copias y de las tres hacer una que fue limpiada y restaurada”, señala remarcando además la importancia de la cinta dentro de la industria nacional histórica: “Esta es una de las mejores películas chilenas. Significa en todo aspecto lo que la Cineteca Nacional quiere rescatar: las calles, las costumbres, los personajes de la época; cómo era la sociedad, lo descarnado que Kaulen retrató extraordinariamente a través de las calles como Bulnes, que ya no es como sale ahí”.

Otro que se refiere e este filme considerado por la Unesco una de las 100 joyas del cine mundial, es el cineasta Gregory Cohen, quien claramente se sintió muy identificado a primera vista con él, ya que la cercanía cotidiana que tenían las escenas con su infancia era muy fuerte. La cinta, según evoca, fue una de las múltiples influencias que determinaron su profesión. “ La propuesta de Kaulen es tremendamente potente. Además ésta es una de las últimas películas que recoge una ciudad que ya se fue definitivamente. También se ve la relación entre las personas, los usos, los modos de mirar y entenderse. Y qué hablar de escenas emblemáticas como las del velorio en que hay un contrapunto entre lo grotesco y lo solemne. La película es un cambio dentro del cine chileno. Es una cinta de un realismo social que generó escuelas para lo que vino después en filmes con una dedicación social desde un punto de vista más político. Fue escuela para Ruiz, Littin y Aldo Francia”, dice el director de “El Baño”.

Asimismo Andrés Wood también opina: “‘Largo Viaje’ es definitivamente un punto muy alto en la cinematografía nacional y no puedo hacer nada más que alabarla. Es lo de cine chileno que me interesa por su raíz neorrealista. Hay una influencia en la manera de ver de ese cine y que es parecido a lo que a mí me interesó hacer con ‘La Buena Vida’ que también es un registro del Santiago”.


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