A los 19 años dejó a su familia para unirse a la congregación fundada por Marcial Maciel. A los 25 ya había visto cómo un sacerdote abusaba de un niño. Era 1991 y Patricio Cerda se desempeñaba como prefecto de disciplina del seminario menor de Avellaneda, en España. Una noche, llegó un niño a despertarlo para advertirle lo que ocurría en el baño. Entonces vio a Gustavo Ramos, el prefecto general de la escuela, abusando de un alumno. Luego se enteró de que esta era una práctica habitual de Ramos. "Ahí yo tuve la primera crisis vocacional. No entendía cómo podía ocurrir eso. Cuando lo denuncié me dijeron que estuviera tranquilo, que no pasaba nada, que son cosas de Dios".
-¿Cómo "cosas de Dios"?
-Que Dios permite ciertas cosas a veces para ayudarnos a nosotros. Por lo menos así me lo trataron de explicar a mí y a otro compañero que fue testigo de lo que presenciamos ahí, un español que se llamaba Marcos Hurtado de Mendoza y que sigue siendo legionario.
-¿Antes no había tenido indicios de abusos sexuales?
-No, yo nunca había visto ni percibido nada. A mí me parecía que se vivía una vida religiosa y que los que estaban ahí estaban siguiendo a Dios. Jamás se me pasó por la cabeza que eso podría haber ocurrido. Me resultó bastante chocante. Después de que ocurrió eso yo hablé con el superior de la orden en España, Héctor Guerra, y le dije que yo no quería seguir ahí, que si no me quitaba de ahí yo me iba para mi casa. Entonces me mandaron a Roma.
-¿Y no siguió denunciando?
-La verdad es que no fui consciente de nada, yo seguía la voluntad de Dios manifestada en los superiores, como se nos enseñaba a nosotros. Yo pensé que estaba haciendo todo bien. En Roma conocí a un chico italiano que se llamaba Stefano y una tarde me dijo que Xavier Legorreta, un consagrado de los legionarios, le había hecho tocamientos, le había bajado los pantalones y otras cosas muy chocantes. Yo lo comuniqué inmediatamente a los superiores, como era la norma en la congregación, y me dijeron que no hablara con nadie. El actual segundo de abordo, que es Luis Garza Medina, me llamó por teléfono y me dijo que cómo era posible esto. No me creían.
-Entonces Luis Garza lo emplazó por denunciar los abusos.
-Bueno, me pidió que hablara con el papá del chico [un general del ejército italiano] para que no hicieran nada y que le dijera que Xavier era un secular, que no tenía nada que ver con los legionarios y que lo iban a echar. Como el señor era un buen católico, accedió. Pero el 98 me mandaron a trabajar a España como refundador vocacional y me encontré a Xavier Legorreta todavía trabajando para la Legión. Ahora está en Alemania en una cosa que se llama "Ayuda a la Iglesia necesitada". Nunca lo apartaron. El 2002 yo decidí dejar la congregación.
-Antes de que usted se fuera de la congregación, ¿se rumoreaba entre los legionarios que había abusos?
-No, dentro de la Legión era muy difícil que se comentara cualquier cosa porque existía una norma, que el Papa Benedicto XVI quitó, que eran los votos privados. La Legión era una especie de CNI en la cual tú tenías que decirle al superior si te enterabas de cualquier cosa, había que informarle todo. Había un control tan grande que nosotros jamás nos enteramos de nada. Cuando el 97 salió todo lo de Maciel nosotros no sabíamos nada. Dentro de la congregación se mantenía todo en secreto, pero yo tuve suerte. Pude tener acceso a internet y por curiosidad un día me puse a investigar y así fue como supe todo lo que se decía de Maciel. Até cabos y di credibilidad a las víctimas.
Como la CNI
Patricio Cerda cuenta que casi no tenía privacidad. Un superior leía su correspondencia y él interpretaba si era bueno o no para su vocación. Por eso, cuando se fue de la Legión había perdido a la mayoría de sus amigos. "Menos a mi madre, que me escribía de cuando en cuando. No teníamos acceso a la radio, ni a la televisión, ni a internet. Yo conozco personas de adentro que nunca se enteraron de que el Vaticano condenó a Maciel. Hay abusos que son tan fuertes como los abusos sexuales: el abuso sicológico, el aislamiento de la familia natural, de todas las cosas, de la sociedad".
-Por lo que usted cuenta, es como una secta
-Efectivamente, hay una serie de estudiosos que consideran la Legión como una secta dentro de la Iglesia Católica. Las prácticas son totalmente sectarias. Los legionarios dicen que en la Legión sólo se trabaja con los líderes, que es la gente rica. Por ejemplo, John O Reilly en Chile capellán del Colegio Cumbres dice que trabajan con los ricos para ayudar a los pobres, pero eso es mentira. Que digan en qué población pobre trabaja un cura legionario o qué promociones sociales importantes ha hecho la Legión en La Victoria, en la José María Caro o en poblaciones marginales. Los legionarios utilizan a los pobres porque saben que es algo que vende mucho.
-Deme ejemplos
-Yo tengo testimonios escritos de legionarios que trabajan en la zona de Misiones en México. Los superiores los mandan a sacarse fotos con los niños pobres para después mostrárselas a los ricos y sacarles dinero. Ellos viven anclados en los mejores barrios, en las mejores casas y usan los mejores coches. Todo al estilo del fundador. Maciel utilizó el Concorde con la excusa de que tenía que ir rápidamente a Estados Unidos, y en vez de usar un coche pequeño usaba un Mercedes último modelo porque decía que tenía un dolor de espalda. Esas cosas a uno le chocan mucho.
-Ustedes han recibido apoyo de Ratzinger y del cardenal Medina. Asimismo ¿han recibido ataques?
-De personas del Vaticano, no. Solamente de la Legión y gente a favor de la Legión. Tenemos una página web (www.exlcesp.com) que los legionarios han intentado cerrar. Incluso han enviado amenazas con abogados. Nos llegan muchos e-mails insultando y diciendo que somos enemigos de la Iglesia, lo cual es mentira. Yo fui sacerdote, me considero católico y creyente, pero eso no me priva de poder hablar con la libertad que Dios me da. Al fin y al cabo, yo tengo muy claro que todo esto lo hago en conciencia. Yo sé que a los legionarios esto les molesta mucho y a mí me han hecho la vida bastante difícil.
-¿Qué le han hecho?
-Me salí de la Legión y de un día para otro pasé de tener todo a tener nada. Los legionarios tienen una red de contactos muy extensa, por lo que te van cerrando puertas. Por ejemplo, yo escribía a una gente y ellos les escribían diciendo que no me ayudasen porque yo era un disoluto, un vividor, que andaba borracho y no sé qué.