Como Los Héroes del cuento de León Tolstoi, Rusia y EEUU se han convertido en "Prisioneros en el Cáucaso", con sus opciones constreñidas por las posiciones irreconciliables de protagonistas cuyas hostilidades se remontan a siglos. Pero mientras los rusos tienen más de dos siglos de experiencia que los guíe, la administración Bush es novicia en la región. Se nota. El argumento de esta administración para apoyar la soberanía georgiana parece ser que Georgia tiene una rara combinación de dos virtudes: a.- Un hombre fuerte pro-estadounidense, Mijail Saakashvili, al que se le perdonan sus caídas en la ley marcial y la expropiación de canales de televisión; y b.- el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, que conecta los campos petrolíferos del Caspio con el mar Negro. Esto ha llevado a una inversión de prestigio y dinero norteamericanos en Georgia desproporcionada respecto de cualquier posible beneficio.
Otra señal peligrosa es la exagerada retórica de funcionarios estadounidenses, que revela una clara falta de comprensión de la actual crisis. Sumado a la ignorancia de los medios occidentales sobre el Cáucaso y a las ambiciones políticas de John McCain, para quien aporrear a Rusia es un modo conveniente de establecer sus credenciales en política exterior, no sorprende que el relato que ha surgido sea "Rusia invade a Georgia". El peligro está en que impide a los estadounidenses reconocer el peligro que acompaña a un compromiso incondicional de EEUU con Georgia, en especial que la política exterior estadounidense sea un rehén de las ambiciones de actores regionales, convirtiendo así a EEUU, y Rusia, en prisionero del Cáucaso. Aunque quizás los líderes de Washington y Moscú no lo vean, están en un trance similar. La única manera de salir es trabajar juntos en un arreglo coherente.
Hay una manera de estabilizar la situación, promover la autodeterminación y la democracia y restaurar la dañada credibilidad de occidente en la región. Se basa en una misión de mantenimiento de la paz, con un mandato cuidadosamente diseñado. Para su éxito sería crítico un compromiso explícito de occidente destinado a la independencia de Osetia del Sur y Abjasia respecto de Georgia, si las partes no logran un acuerdo aceptable, como en Kosovo. Bajo estas condiciones, tanto Osetia del Sur como Abjasia aceptarían efectivos de paz occidentales. Asegurado el apoyo de los liderazgos sudosetio y abjaso, Rusia tendría pocas opciones sino apoyar las fuerzas de paz internacionales. Es posible que Rusia llegue a estimarlo preferible a ser único garante militar y económico en la región, un rol que se ha visto obligada a desempeñar durante quince años.
El inconveniente para la propuesta es que sería calificada de traición por Saakashvili, cuya popularidad descansa en su promesa de establecer soberanía sobre toda Georgia. Es apoyado en esta ambición por muchos en la elite política georgiana, cansados con la idea de una Georgia imperial, del mar Negro al Caspio. Renunciar a Osetia y a Abjasia, que han demostrado un deseo inquebrantable por independizarse y han sacrificado miles de vidas desde 1991, puede ser la única vía para salvaguardar la integridad del resto de Georgia. Es simplemente inconcebible que tras la última blitzkrieg georgiana ninguna de estas dos regiones acepte que Georgia gobierne sobre ellas. Georgia sigue siendo un caldero de diversas nacionalidades, donde los separatistas de Abjasia y Osetia sólo son los más obvios. Svanetia, Javakhetia y Mingrelia tienen sus inquietas elites locales. A veces, como en el caso de Adjasia, pueden ser compradas, pero ese tipo de arreglos son personales, no institucionales. A la larga, la única manera de asegurar la estabilidad e integridad de Georgia es que EEUU, Rusia y la UE coordinen sus acciones, como lo hicieron para arreglar la salida de su cargo del ex Presidente Eduard Shevardnadze.
La imposición de "términos a lo Kosovo" sobre todas las partes pondría a la elite georgiana ante un plazo claro para avenirse a términos aceptables para otros sectores, o renunciar a lo que Shevardnadze alguna vez se refirió como su "mini-imperio". Dado que las fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz sólo serán aceptadas por los abjasos y los sudosetios si las aprueba Rusia, esa coordinación tendría el beneficio de establecer un diálogo donde EEUU, Rusia y la UE comparten un objetivo común. Conformarse a una identidad no imperial será un proceso doloroso para Georgia. Pero, como en Rusia y Serbia, llevará finalmente a un consenso político interno más estable.