La actualidad internacional es un ingrediente menor de la parrilla informativa de los noticiarios centrales de la televisión local. Estos espacios periodísticos miran poco fuera de las fronteras nacionales, y, cuando lo hacen, generalmente echan un vistazo a la rápida, apenas una ojeada sobre aquellas realidades ajenas, cuyos códigos los telespectadores chilenos no manejamos y que demandan una mayor detención para poder ser descifrados. En lo que va de 2007, las noticias generadas en el exterior representan menos de un 10% del tiempo total de estos programas. Se trata de notas, la mayoría de las veces, de corta duración, que suelen ocupar el recurso de la voz en off, y que no incluyen entrevistas a actores. Son sólo flashes que nos alertan sobre hechos ocurridos más allá de la cordillera, pero carecen de diagnósticos explicativos sobre un mundo cada vez más complejo e interrelacionado, en el cual el aleteo de una mariposa en China puede producir una tormenta en el Pacífico sudamericano.
En la TV chilena se echan de menos instancias de análisis acerca de la coyuntura internacional, como las que podemos ver, por ejemplo, todas las semanas en la Deutsche Welle, donde se transmite en español el programa "Cuádriga", en el cual cuatro "expertos" discuten apasionada y fundadamente acerca de las contiendas políticas, procesos económicos y problemáticas sociales que aquejan al orbe. Hace alrededor de dos décadas atrás, en Chile era imposible concebir un noticiario que no contemplara un espacio de comentario internacional. Se puede cuestionar la calidad e imparcialidad de su trabajo, pero José María Navasal que aparecía fumando pipa frente a las cámaras , Bernardo de la Maza y Karen Ebensperger, entre otros, eran rostros importantes del periodismo televisivo local, lo que da cuenta del mayor estatus que tenía la actualidad mundial.
Ahora, sólo sobreviven como comentaristas internacionales estables Raúl Sohr y Libardo Buitrago, en Chilevisión y Mega, respectivamente. Además, TVN y Canal 13 emiten cada cierto tiempo reportajes en los que se abordan con interés explicativo sucesos y problemáticas de otros países, como los conflictos de Pakistán y Bolivia, o el fenómeno de reciente desarrollo tecnológico de la India. Sin embargo, más allá de estos esfuerzos, es indudable que, por sobre el análisis y la interpretación, prima la reseña meramente informativa acerca de confrontaciones bélicas, crisis de toda índole, catástrofes naturales, odiseas individuales y hechos curiosos. La alta y sostenida cobertura que ha tenido la desaparición de Madeleine McCann caso policial y drama familiar que se ha convertido en tema de interés planetario es la expresión más clara de un escenario de escasa relevancia de contenidos, donde el énfasis está puesto en el examen crítico de la dimensión sociopolítica de la realidad mundial.
Siempre se pueden encontrar excepciones. En las últimas dos semanas, un evento político internacional concitó el interés de los noticiarios centrales de la TV: el referéndum constitucional venezolano. Los canales nacionales pusieron en el aire notas más largas de lo normal y enviaron periodistas al lugar de los hechos, para que se empaparan en terreno de los acontecimientos que conmovían al país caribeño y entregaran a los telespectadores chilenos las claves para entender esa realidad. Según estos relatos, ¿cuál era el significado profundo del acto electoral, qué consecuencias tendría para la región latinoamericana, qué factores explican el trance que vive la patria de Bolívar, qué imagen de la actual Venezuela construyó la TV chilena?
La respuesta no puede ser una sola; al menos hay dos. En la estación de Ricardo Claro predominó una visión demonizadora de Hugo Chávez y su accionar político. Se sostuvo que el Presidente venezolano pretende implantar un sistema pasado de moda, que representa un liderazgo mesiánico y populista, y que ha descuidado las necesidades básicas de su pueblo, en medio de una gestión caracterizada por los insultos y agravios a sus adversarios. El triunfo del No fue calificado de histórico y se señaló que representaba el inicio del fin de la revolución bolivariana. En la narración de "Meganoticias" el análisis parecía reemplazado por la expresión de deseo. En los otros noticiarios, en cambio, hubo más espacio para los matices. Se resaltó la agresividad y el autoritarismo del Jefe de Estado venezolano, pero también se destacó su gran arrastre entre los sectores populares y se dio cuenta del cariz más "sifrino" de la oposición ("cuico", en chileno); se explicó que el desabastecimiento de productos básicos era una de las causas del revés gubernamental, así como también se hizo alusión a la corrupción y el despilfarro que marcó a las antiguas elites políticas venezolanas para explicar la experiencia chavista; se habló de la trascendencia continental de la derrota del proyecto bolivariano, pero no se aseguró ni se anheló la muerte política de Hugo Chávez.
"Más que político e ideológico, el chavismo es un fenómeno telúrico que no se alcanza a comprender en otros países", señaló en "24 Horas" José Vicente Rangel, ex vicepresidente venezolano. No creo que este enigma haya sido completamente dilucidado en las últimas semanas, pero al menos los chilenos disponemos de mayores elementos para entender la figura y obra del locuaz personaje que agita las aguas latinoamericanas. LND