Los diplomáticos de China y Chile siempre han tenido un contacto cercano, pues les toca sentarse juntos en todas las reuniones internacionales, banquetes y ceremonias. Quién sabe si en esas tertulias y aburrimientos mortales surgió la idea de esta asociación entre un gigante y un enano, para ver qué pasa. Es la primera vez que China firma un tratado de este tipo y lo hace pragmáticamente, sin riesgos, con un proveedor importante, pero inofensivo en términos comerciales.
Para China, éste es apenas un paso en sus calculados esfuerzos para convertirse en la superpotencia del siglo XXI, iniciados en 1978 cuando el entonces líder comunista Deng Xiaoping anunció la política de las “cuatro modernizaciones” (agricultura, industria, ciencia y tecnología, y fuerza militar). Hoy, la República Popular China concentra el 4% del comercio mundial, pero con una particularidad: la pobreza disminuyó de 250 millones en 1978 a 30 millones en 2000, la tasa más exitosa del mundo en desarrollo. La renta per cápita aumentó en el mismo período de cien a mil dólares y el país crece a un promedio del 9,5% anual, tres veces más rápido que América Latina, según Javier Santiso, economista jefe del BBVA para América Latina y las economías emergentes. Hoy, ninguna decisión internacional importante, en cualquier parte del planeta, se toma sin tener en cuenta a China.
En 1977, Coco Legrand contaba un chiste en el que un hippy viajaba con un chancho en el asiento trasero de su moto, “una Yamaha de cartero” –decía– de 100 centímetros cúbicos. Ese año, mientras la represión asolaba el país, la importación de motos alcanzó el récord de 20 mil unidades. Japón era entonces la estrella del desarrollo, los “tigres asiáticos” daban sus primeros zarpazos y China comenzaba a ganarse en el mundo una reputación de pariente retrasado, enviando mercancías, principalmente textiles, de dudosa o mala calidad, pero ultrabaratas. Los productos chinos casi no se conocían en Chile, excepto el famoso chancho enlatado de la época de la Unidad Popular que, según la experiencia individual, algunos recordaban con el inigualable cariño de un estómago agradecido, y otros con asco.
Los comunistas chinos, siempre marcando diferencias con sus primos soviéticos, no rompieron con la dictadura de Pinochet, ni participaron nunca en la solidaridad internacional con los perseguidos. Estaban saliendo de la Revolución Cultural y avanzando en el camino del pragmatismo.
“En muchos casos se ha dañado la marca ‘Hecho en China’, porque no hay controles de calidad adecuados, pero en Europa hace años ya se ven buenas marcas chinas de electrodomésticos”, dice Kamelia Emilova, gerente de la Cámara Chileno-China de Comercio, Industria y Turismo (Chicit) “Sólo un ejemplo es la marca Haier, que tiene puntos de venta en 160 países”, subrayó.
“Hecho en China” significa cualquier cosa. Pésima calidad a precios absurdos o alta calidad a precios internacionales, pero competitivos. Actualmente, no hay hogar ni empresa en Chile que no tenga un producto chino en alguna parte.
En diciembre de 2001, China se incorporó a la Organización Mundial de Comercio, tras extensas negociaciones. Este ingreso significó para el país someter a una organización externa una buena parte de su soberanía, pero también la capacidad de influir decisivamente en el curso del comercio mundial.
En estos momentos, China fabrica la mitad de las motocicletas que hay en el mundo, unos 10 millones al año. Eso lo hemos visto en las calles de Chile, donde en 2005 se vendieron 15.700 motos, de las cuales 60% modelos de baja cilindrada fabricados en China. “Son motos de entre 100-200 centímetros cúbicos y precios que van desde 600 mil hasta 1,2 millones de pesos”, explica Gianfranco Mauriziano, presidente de la Asociación Nacional de Importadores de Motocicletas.
El éxito de la oferta china, sea cual sea el rubro, está en el precio. Por ejemplo, una Honda Lead (100 cc) cuesta un 1,19 millones de pesos, mientras una Futong Stallione china de 150 cc, 990 mil. Generalmente estas motos no las compran cuarentones AB con ansias de emociones nuevas, sino desempleados CD con ganas de trabajar. Por eso, en Chile no hay motos chinas de más de 250 cc.
FRÍOS NEGOCIOS
Las conversaciones entre Chile y China para un TLC comenzaron en 2002. En abril de 2004 se inició el estudio de factibilidad y el 18 de noviembre de ese año, en el marco de la cumbre del Foro Económico del Asia-Pacífico (APEC), realizada en Santiago, el Presidente de Chile, país anfitrión, y el de la República Popular China anunciaron el inicio de las negociaciones formales.
Luego de cinco rondas de conversación –que se extendieron durante un año–, en la última versión del foro APEC, efectuado en Corea del Sur, el canciller chileno, Ignacio Walker, y el ministro de Comercio de China, Bo Xilai, firmaron el acuerdo que luego de una detallada revisión en el Congreso chileno debería ser ratificado a mediados de este año.
Aunque no esté aún en vigor el acuerdo, el tráfico de mercancías ya empezó a rodar hace mucho tiempo. La Chicit funciona desde 1997. En su directorio hay representantes de Codelco, Soquimich, Sudamericana de Vapores, Enami, Falabella y la cadena Pre-Unic.
“Consideramos que el TLC pone un marco de institucionalidad a nuestras relaciones económico-comerciales con China”, dice Emilova. Para ella, el acuerdo genera “soft power” –percepción positiva– que activa las inversiones, el comercio y la cooperación.
¿QUÉ NOS VENDEN, QUÉ VENDEMOS?
Chile vende a China principalmente cobre y celulosa, en tanto que la oferta china es tan grande que da para lo que sea, “desde un reloj que dura 24 horas hasta otro para toda la vida”, dice un ejecutivo de Pacific Trading Corporation (PTC), una compañía intermediaria que opera allá por encargo de empresas chilenas, con especialistas locales en áreas desde la mecánica hasta la medicina. Es una más entre la docena de “traders”.
Esta información es la que da pie a Santiso, el economista del BBVA, para subrayar la enorme diferencia cualitativa que existe entre el desarrollo experimentado por ambos países en el mismo período, y que impide considerar a Chile como amenaza. En una monografía titulada “La emergencia de China y su impacto en América Latina”, Santiso informa que Chile destina 10% de sus exportaciones a China, de las cuales 60% son productos básicos y agrícolas con mínimo valor agregado. “Con tasas de crecimiento elevadas, una industrialización acelerada y un uso intensivo de energías de todo tipo, la economía china devora, literalmente, las materias primas procedentes de América Latina”, dice.
En otras palabras, mientras América Latina –Chile incluido– continúa con la tradición de exportar materias primas, China se ha concentrado en la industrialización y la adquisición de conocimientos tecnológicos (cerca de 30 mil estudiantes chinos son becados sólo a las universidades de Estados Unidos cada año).
Acá en Santiago, la Chicit se encarga de asesorar en todos los detalles culturales, comerciales y legales a las empresas chilenas instaladas en China. Dado el régimen político, existen algunas situaciones de excepción.
Cuando los socios de Mosaico –una fábrica chilena de grifería– quisieron contratar a un ejecutivo chino para su planta allá, se enteraron de que el elegido no podía renunciar a su trabajo por un compromiso con el Partido Comunista. La compañía de Horacio Pavez, con representación en el directorio de la cámara, lo mandó a estudiar a Estados Unidos para que pudiera renunciar.
Los calzados Gino son un caso excepcional. Mientras otras empresas del rubro han disminuido su producción a causa de las importaciones, la compañía propiedad de la familia Alonso, ligada a Unión Española, matriz de varias marcas (Pollini, Panama Jack, Mingo) tiene una planta en China donde ensambla las piezas del zapato que diseña en Chile, usando cuero de la misma procedencia. La fábrica tardó cuatro años en operar. Lo primero fue ganarse la confianza de un socio y después asegurarse de mantener altos estándares laborales. Aunque la mano de obra es 40% más barata que en Chile, muchos son menores de edad y la gente en general vive en galpones al lado de las fábricas.
“Nuestra experiencia es que con la asesoría competente sobre las realidades de negocios y cultura en ambos países, los problemas pueden evitarse”, asegura Kamelia Emilova.
RUGEN LOS MOTORES
Los vehículos motorizados son la primera novedad china en llegar aquí. Marcos Salazar, gerente general de Global Trading, afirma que en enero ingresó a Chile una partida de 50 camiones livianos y medianos (dos a cinco toneladas) de marca Yuejin Motors, una de las 10 fábricas que concentran 90% de la producción de vehículos pesados, de las 150 existentes en China.
Al momento de decidir qué marca comercializar en Chile, fue trascendental su trayectoria y consolidación en el mercado chino. También, que cumpliera con los estándares legales (normas de emisión y control ambiental) como de calidad para este mercado, “el más desarrollado de Sudamérica”, según Salazar, quien cuenta que la empresa que compró la partida (Transportes Santa Elvira) se ha mostrado conforme porque los vehículos han cumplido con sus expectativas.
En las calles de Santiago se vive una suerte de ansiedad por la presunta llegada masiva de autos buenos, bonitos y baratos para aquellos que, a pesar de todo el milagro chileno, aún no acceden a ese cómodo instrumento de congestión urbana y contaminación ambiental. Como ocurre con las motos y con cualquier producto importado que ya tenga un mercado local, los importadores de autos japoneses y europeos se ocupan de cuidar sus clientes ABC con observaciones descalificadoras acerca de la calidad y el servicio de estos nuevos juguetes, que aparecen de cuando en cuando en publicaciones de artículos “especializados”. Pero los chinos han enfrentado siempre las mismas condiciones y es así como ellos han ido ganando los mercados.
Ciertamente, en un mercado de bienes más caros como los autos, aún puede pesar la dudosa reputación de la industria china, pero “en Chile las normas de emisión y seguridad son bastante estrictas, así que la calidad de los autos que lleguen será bastante aceptable. Creo que nos equivocamos al minimizar los productos chinos, hace tiempo tenemos celulares y microondas”, dice Raul Dell’Oro, presidente de la Cámara Nacional de Comercio Automotriz. Hasta el momento sólo han llegado automóviles como partidas de muestra y ninguna de las marcas (Chery y Geely, entre las más consolidadas) aparece homologada en el listado que publica el Centro de Control y Certificación Vehicular 3CV, dependiente del Ministerio de Transporte.
Para Iván Silva, de Kia Motors, competencia coreana de los chinos en el rubro de autos económicos y camiones de reparto urbano, los autos que podrían llegar con el TLC aún no son confiables. “Es conocido que los chinos todavía no tienen la capacidad técnica para cumplir las normas chilenas de seguridad y emisión. Lo demuestran los controles que les practicó el Ministerio de Transporte a vehículos chinos que se importaron y no aprobaron”, dice.
Pero igual los precios son como la miel para las moscas: en España, un auto chino cuesta entre tres mil y cinco mil euros (entre 1,8 y tres millones de pesos) y un 4x4 se compra por 15 mil (nueve millones de pesos).
El asunto de la calidad también es un problema para la Organización de Consumidores. “Hay que aumentar la fiscalización y los controles de calidad. Las grandes transnacionales con sede en China tienen respaldo aquí, pero hay muchos productos a granel por los que nadie responde”, dice el dirigente Stefan Larenas.
Pero antes que nada, el TLC ofrece oportunidades incluso para las Pymes, que a primera vista podrían verse afectadas. “Obviamente, siempre existen sensibilidades competitivas. Cuando un producto de China está entrando al mercado chileno podría afectar la producción de otros sectores, pero generalmente estas sensibilidades quedan cubiertas en el proceso de negociación”, dice Patricia Fernández, presidenta de la Asociación de Exportadores de Manufacturas.
La clave para que entren las pequeñas empresas en China está en asociarse para satisfacer los volúmenes. Así se están incubando las experiencias exitosas que están teniendo vinos y quesos chilenos allá. Por lo visto, la pelota está dando botes.
LOS PRINCIPALES CONTENIDOS DEL TLC
El texto final del acuerdo contempla capítulos en las siguientes materias:
– Institucionales y de administración del tratado, acceso a mercados, defensa comercial, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, barreras técnicas al comercio, solución de controversias y cooperación.
Adicionalmente se suscribió un memorando de entendimiento entre las respectivas autoridades laborales y de seguridad social, firmándose, además, junto al TLC, un acuerdo de cooperación ambiental.
– Acceso a mercados. En cuanto a la desgravación arancelaria, se logró consenso para una desgravación inmediata del 92% de las exportaciones de Chile a China, aplicable desde el primer día de vigencia del acuerdo. Para China, este porcentaje asciende a un 50% del comercio actual. Además, se contemplan desgravaciones a uno, cinco y diez años para el acceso de los productos de Chile a China y plazos de uno, dos, cinco y diez años para las exportaciones de China a Chile.
En función de proteger a ciertos sectores sensibles, se pactaron exclusiones de productos que alcanzan al 1% de las exportaciones chilenas y al 3% de los envíos de China a nuestro país.
– Dentro de los productos chilenos a los que China otorgó desgravación inmediata y a cinco años y que se verán más beneficiados con el TLC, destacan el cobre y otros minerales, hortalizas, aceites de pescado, carnes de ave, cerezas frescas, duraznos frescos y nectarines frescos, tableros de maderas, salmón ahumado, quesos, duraznos en conserva, chocolates y pasta de tomate.
Se logró que la desgravación de productos que habían sido declarados de alta sensibilidad por China, como los salmones frescos y congelados, uvas y manzanas, bajaran su desgravación desde 15 a 10 años.
– Por su parte, los negociadores chilenos lograron que productos sensibles para Chile, como los cementos, algunos químicos, guantes quirúrgicos, ciertos rubros del sector textiles y confecciones, quedaran dentro de la categoría de 10 años. En las excepciones quedaron los productos agrícolas sujetos a bandas de precios (trigo, harina y azúcar), neumáticos, algunos rubros de textiles y confecciones, productos metalúrgicos y línea blanca. El número de productos excluidos del TLC por Chile alcanza a 152, todos ellos considerados sensibles por nuestros sectores productivos.
– Entre los productos chinos a los que Chile abrirá su mercado inmediatamente se contienen maquinarias, computadores, automóviles, celulares, DVD e impresoras, entre otros. LND