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Domingo 2 de abril de 2006

En todo su esplendor Lady Tigreza.

LND en el II Festival de Instalación de Software Libre
El regreso de los nerds

Más de 100 personas se dieron cita en Flisol, que esta vez se realizó de forma simultánea en 99 ciudades de América Latina y que tuvo como propósito la promoción de los programas computacionales libres, o sin costo. Pero la cultura computín ahora va más allá. Incluye el intercambio de experiencias entre Lady Tigreza, los chicos de www.sincables.cl y unas monjas.



La Nación

Por Gonzalo León

Fotos: Álvaro Hoppe

Sobre una mesa –donde hay tres jóvenes cual jurados de “Rojo VIP” o de alguna película tipo “Flashdance”– observo varios cedés con el nombre Ubuntu y me dan ganas de bailar. Me contengo al ver que al tipo que está delante mío le obsequian el cedé. Ubuntu leeré después es una palabra africana, no se especifica de qué parte, que significa “humanity to others” y contiene Linux gratis, con procesador de textos, navegador y Photoshop. Todo por estar en el lugar correcto y en el momento adecuado.

–¿Nombre? –pregunta la mujer de la mesa–. ¿Trajiste...?

–No –me apresuro a responder, y en el acto me piden que llene la pequeña encuesta, que no alcanza a ser el tercio de una hoja carta.

Obviamente, recibo un Ubuntu y una programación del II Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre (Flisol). En uno de los sofás del hall de la Escuela de Ingeniería en Computación de la Universidad Central otearé el programa. Para mi sorpresa, una de las primeras charlas es la performance bailable de una tal Lady Tigresa. Observo la hora. Mmmhhh, retrasados. A mi alrededor, los asistentes al evento se destacan por su edad (menores de 25 años) y por sus poleras. Uno usa una de la antigua Unión Soviética, otro la de Rusia con el nombre del mítico Araña Negra en la espalda y un tercero que reivindica la lucha de nuestros pueblos originarios.

DANIEL Y LOS PELACABLES

–Oye –dice repentinamente alguien que luce una polera naranja con dos C dentro de un círculo–, ¿tú eres León?

El tipo que me ha hablado se llama Daniel Álvarez y pertenece a Derechos Digitales, una agrupación de abogados que se dedica a la asesoría de licencias de software y otros aspectos. Daniel me pide que no los cague, que entienda el significado de este festival, que agrupa a decenas de asociaciones o comunidades y que este año se realiza simultáneamente en 99 ciudades de América Latina.

–De hecho –agrega–, otro miembro de Derechos Digitales se encuentra en este mismo momento en Chillán.

–No sabía que este festival se estaba haciendo en otra ciudad, aparte de Santiago.

Daniel me explica que Flisol se está efectuando desde Iquique hasta Valdivia. Le pregunto entonces si asesoran a comunidades presentes en esta reunión.

–¿Ves a los chicos de www.sincables.cl? Ellos son rechoros. A veces se pasan por la raja a algunas empresas, porque están convencidos de que Internet debe ser gratis. Te ponen una antena en el edificio y, gracias a ella, hay conexión wireless (sin cables) a un kilómetro a la redonda.

Diviso a los chicos de quienes me habla. Están apostados a la entrada de la sala de conferencias número 1. Lucen jockeys negros con el nombre de su comunidad. Tienen una antena que irradia Internet gratis a todo el establecimiento y más. Sin embargo, al acercarme, un zumbido recorre mi cabeza, debido tal vez a la controlada epilepsia que no quiero que salga de control.

LADY TIGREZA

Después de las palabras de bienvenida –entregadas por el secretario general del Centro de Difusión del Software Libre (CDSL), Jaime Navarrete–, una persona de la organización dice:

–El software es conocimiento, pero también se puede manifestar a través del arte. Con ustedes, Lady Tigreza.

De entre el público reunido en la sala de conferencias número 1, se levanta una chica que tiene rayada la cara, avanza hacia donde está ubicada la testera y comienza a danzar pesadamente. En la pantalla gigante, dispuesta para las exposiciones, vemos fotografías de mujeres desnudas –algunas cubiertas por culebras– y escuchamos música lounge. Lady Tigreza detiene su danza macabra y comienza a vociferar:

–No aguanto más. ¡Me tienen encerrada! Somos animales enjaulados y, lo peor, es que lo permitimos.

Por unos minutos, lady se agacha y nadie la ve. Detrás de mí, unos jóvenes se preguntan qué onda. ¿Desapareció? Pero reaparece, cuando se pone de pie y pregunta recorriendo un pasillo de la sala:

–Para ti, ¿qué es ser libre?

Nadie contesta. Después, dice algo así como que, mientras los softwares no sean libres, no podremos ser libres nosotros. Lo pensaré dos segundos. La performance termina. Tímidos aplausos. Lady abandona la sala y los muchachos de atrás comentan:

–¡No puede ser! ¿Ahora se va?

HERMANA WEBMASTER

Sor Ana, aprendiendo a ser.

Recién me he dado cuenta de un pequeño detalle: casi no hay mujeres en el encuentro. De hecho, si no fuera por las pololas de algunos y por un par de monjas, no habría ninguna. Al parecer, la paridad no ha llegado al mundo computín. Antes de acercarme a las dos hermanas, hablo con Jaime Navarrete, quien me explica que uno de los grandes usuarios de Internet en América Latina es la congregación marianista. Con este conocimiento, tengo valor para acercarme a la monja con mayor antigüedad.

–Soy la directora de Ediciones Paulinas y vengo por ignorancia –dice con franqueza, y enseguida me solicita que hable con la hermana a cargo de la página web de la editorial.

Sin embargo, Ana Sáenz está ocupada hablando con una feligresa. Aguardo y, durante este momento, me viene a la mente mi encuentro con el superior de los marianistas, José María, quien me señaló su oposición al celibato. No sé qué será de él ahora, casi 10 años después. Sólo espero que esté vivo, porque gente como él le hace bien a la Iglesia.

–Ahora sí –me informa sor Ana.

Le digo que su presencia acá es tan extraña como en un cabaret. Sor Ana sonríe y aclara:

–Nuestra misión como congregación es la comunicación del Evangelio. Por eso, a través de Internet, estamos intentando evangelizar.

–En su calidad de webmaster, ¿cómo hace eso?

Sor Ana respira hondo.

–Buscar los medios, o el formato, para que los jóvenes se sientan atraídos al sitio y no se vayan por ahí. Por eso queremos hacer una librería virtual. Como se dice en nuestra congregación: “Si la gente no va a la Iglesia, la Iglesia debe ir a la gente”.

La frase me suena conocida. Es más, creo que si cambiamos Iglesia por Mahoma quedaríamos espantosamente empatados.

–Vengo llegando de una reunión de hermanas de los cinco continentes, realizada en Japón. Ahí se abordó el tema de la evangelización a través de teléfonos celulares. Aunque debo reconocer –repone la hermana webmaster– que yo estoy recién aprendiendo.

¿FERNANDO FLORES NERD?

Hugo Muñoz expone sobre “Hacklabs, redes sociales y tecnología libre”. A Hugo Muñoz ya se le está yendo buena parte de la audiencia.

–Este término viene de la unión de hacker y laboratories, y es un espacio físico para discutir e investigar sobre los espacios de autonomía, la independencia soberana y, desde luego, el software libre. Un hacklabs podría ser perfectamente esto –concluye, dejando de leer y extendiendo un brazo en señal de fraternidad.

Regreso al hall con los chicos de www.sincables.cl. Un hombre enorme aparece en escena y, observando el trabajo de uno de los chicos, advierte escandalizado:

–¿Qué es esto? ¡Un infiltrado XP!

El hombre se refiere al Windows XP, del que todos aquí son enemigos. El chico sin cable se disculpa. Más tarde, la artista digital Yto Aranda me dirá que ocupar este sistema operativo “es pecado y casi una herejía”.

–Mucho gusto –dice el hombre enorme, luego de presentarme–. Mi nombre es Fernando Flores y pertenezco a la organización. A propósito, ¿ya subiste al quinto piso?

No sabía que había algo en el quinto piso y menos que la reencarnación del senador-empresario estaría aquí. Mi mente viaja años atrás, cuando Fernando Flores no era senador y lanzaba un libro en Casa Piedra. Uno de los presentadores era el ex Primer Ministro español Felipe González, quien contó innumerables chistes durante su exposición. Al terminar, salí al hall y mi acompañante me preguntó:

–¿Qué te pareció?

–Un farsante –contesté.

Mi acompañante me hizo una señal. Fernando Flores estaba detrás mío. Pero ahora no estoy avergonzado, como en aquel tiempo. Ahora subo al lugar conocido como Install Fest. Aquí, como pueden ver con sus binoculares, se instala Linux gratuitamente. Decenas de jóvenes lo hacen y a la vez comparten experiencias y conocimiento. Ringtone. No me atrevo a contestar. En una de esas podría ser un llamado a la evangelización, como contaba sor Ana. Contesto.

–¿Aló, León? Habla Dios. ¿Tenís un par de lucas que me prestís? LND













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