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  El vitrineo virtual que levanta a la moda chilena

  En Chile el acceso a la moda y a las prendas originales de ropa siempre ha estado restringido a una elite. El consumo masivo de vestuario se desarrolla en el retail y en los cada vez más monstruosos malls. Pero de la mano de las nuevas tecnologías se ha gestado una alternativa más accesible para adquirir creaciones que se salen de la producción en serie.

Domingo 17 de enero de 2010| por Inbal Landau

Apoyadas en plataformas como Facebook, Flickr y blogs, en el último tiempo varias jóvenes han difundido y desarrollado verdaderas tiendas virtuales, caracterizadas por una atención personalizada, inmediata e hiperconectada con quien desee comprar. "Es fácil. Todo entra por los ojos. La clienta ve algo, le gusta, me escribe un mail o un mensaje por Facebook y se lo respondo altiro", dice Katja Livetzky, quien desde hace un año y medio desarrolla sus propias prendas en Issola Diseño de Vestuario junto a su hermana y su madre. Esta forma de venta le resulta muy práctica. El segundo paso es que "la clienta llame por teléfono y acuerde juntarse en una dirección para probarse la ropa con más calma", dice.

En la vorágine de la red, la oferta y la demanda toman otros ribetes. Tanto las creadoras como las compradoras hacen sus búsquedas y en algún punto se encuentran. El boca a boca se convierte en el pincha que pincha y los links y fotos se transforman en los mejores aliados de las diseñadoras independientes. Sus prendas en ocasiones cuestan un poco más, pero usualmente tienen un valor similar al de las multitiendas y en algunos casos, incluso, es más bajo. Lo que prima es el criterio de exclusividad. Consuelo Herrera es diseñadora y desarrolló la Tienda C junto a su hermana Camila, primero en Flickr y luego en Facebook. Trabajan con tres costureras y, salvo los zapatos, todas sus creaciones son propias. Se preocupan de repetir muy poco las prendas. En Tienda C pueden encontrarse poleras a $8.000, zapatillas desde $10.000 y zapatos desde $8.000 también. Pero hay otros productos que superan los $20.000.

El papel de las redes

La web 2.0 no sólo permite una difusión gratuita de un sinnúmero de productos, sino que su gran ventaja es la capacidad de generar redes de contacto y de llevar simultáneamente la misma información a cientos o miles de personas.

Seguramente, Consuelo nunca se imaginó la cantidad de gente que tendría acceso a sus creaciones. Para ella entrar a Facebook representó un gran cambio. Y no puede ser para menos: ya acumula alrededor de 9 mil 400 contactos entre sus dos páginas en esta red.

Paloma Baytelman, consultora de medios digitales, señala que "la web 2.0 es principalmente conversación de muchos a muchos. La 1.0 era conversación de uno a uno. Acá la gracia es que tú puedes conversar con varios (usuarios) y colaborar". Efectivamente al ingresar a ver las fotos tanto en Facebook, como en Flickr y en los blogs, se pueden escribir y leer comentarios que la gente realiza allí. María José Hernández, quien ha comprado ropa tras hacer un vitrineo virtual, aprecia que a través de este sistema "puedes conocer las tallas, pedir achicarlas y así personalizarlas más. Incluso hasta puedes sugerir un cambio de estilo", enfatiza.

También cualquiera puede enviar un link y en ocasiones invitar a alguien a ser parte de alguna red. Quienes hacen esto último son los denominados "prosumidores", una mezcla de consumidores y productores. El prosumidor, además de comprar, plantea su opinión y genera un nexo con otros potenciales compradores porque muestra y difunde lo que ha adquirido. Katja aprecia que con cada clienta puede "saber lo que le gusta y lo que no le gusta. Te mandan contactos de ellas mismas, te mandan a las amigas de las amigas. Me acomoda mucho más que tener una tienda", dice.

¿Industria textil en Chile?

Tal vez parte de la explicación a este fenómeno propagado por la red pueda encontrarse en la historia de la industria textil chilena. Más bien, en su carácter de extinguida.

Hasta 1973 esta industria tenía un desarrollo pleno, pero durante el período de la Unidad Popular, las empresas fueron expropiadas bajo la consideración de ser un rubro estratégico. En todo caso, esa industria "tenía muchas fragilidades porque estaba orientada a satisfacer las necesidades del mercado interno y sus niveles de desarrollo eran muy irregulares", incluso en materia de tecnología, señala Pía Montalva, historiadora de la moda.

Luego, esas fábricas fueron devueltas al mundo privado, pero se vieron afectadas por la crisis económica y la inflación. Finalmente, se instaló en el país el modelo neoliberal, que abrió los mercados imponiendo aranceles muy bajos a productos extranjeros, con lo que los empresarios textiles nacionales quedaron muy desprotegidos. "En los años 90 se terminó de aniquilar la industria textil chilena con la llegada de productos de afuera, a precios muy bajos, como las telas chinas, por ejemplo", dice Pía.

Entonces en un país donde es difícil desarrollar el diseño y confección de vestuario, ha surgido una alternativa accesible y que, por más que no se asemeja a una industria ni en materia de formalidad ni de capacidad de producción, al menos permite recrear la vista y tomarse un respiro de tanto centro comercial con ropa estandarizada. Esto ha sido posible también por la creación de estas tiendas virtuales que, en definitiva, no sólo permiten difundir un estilo, sino que ahorrar bastante dinero a los creadores. Desde la trinchera de Milca Pérez, diseñadora especialista en tendencias, este nuevo vitrineo virtual no requiere mayor inversión, ni pago de locales ni gastos mayores.

Exclusividad

En la tienda virtual de Katja Livetzky, Issola Diseño de Vestuario, crean todo lo que venden, incluidos accesorios y zapatos. Todo salvo unos bikinis que trajeron de Brasil. "Tratamos de que de cada prenda haya máximo dos unidades. Al cliente le gusta mucho más ser exclusivo". Katja admite que ella misma prefiere comprar en tiendas de la web por ese motivo. "Me carga vestirme con la ropa de Falabella y Paris", cuenta.

Consuelo Herrera, quien se dedica exclusivamente a diseñar prendas y comercializarlas, dice que hace muy poco se incorporó a una tienda de diseñadores independientes, pero no piensa abandonar la plataforma virtual ni dejar de recibir a las clientas en el espacio que habilitó, con probador incluido, en el estacionamiento de su casa. "A la gente le gusta ver primero qué hay y de ahí venir", dice al asegurar que las fotos son muy útiles para las clientas de regiones, desde donde hace entre el 30 y 40 por ciento de sus ventas. Los envíos los hace a través de Tur-Bus y se pagan de acuerdo al peso de las prendas, por lo que el precio puede aumentar en mil o dos mil pesos. Denise Leiva vive en Concepción y desde hace un tiempo que incorporó el vitrineo virtual a su vida. Lo que más aprecia de este sistema, además de evitarse las aglomeraciones de los centros comerciales, es que "en general tienen productos novedosos" y que los "precios son al alcance de la mano con modelos exclusivos", dice.

La exposición sin límites en la web permite llegar a mucha gente. Sin embargo, una vez que los productos se exponen tan abiertamente y están al alcance de todos con una velocidad inusitada, se genera un espacio para que proliferen las imitaciones. La consultora de medios digitales, Paloma Baytelman, dice que con la velocidad de internet se genera "una perversión del diseño en el sentido de que así como llegan muy rápido los diseñadores independientes, también llegan a un mercado que podría ser casi como la comida rápida de la moda. Ellos captan este mes lo que está súper de moda y lo adaptan inspirados, tal vez, en algo que vieron afuera a través de las redes. Pero eso es muy rápidamente incorporado por el mercado de la feria artesanal de segunda mano", advierte Baytelman. //LND

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