Dejemos que las instituciones funcionen...
Por último, si algunas instituciones no funcionan… acudamos al factor humanitario. ¿Y quién juzga a los jueces? ¿Quién a los que dictan las leyes?
¿Saben ustedes quién es Daniel Maldonado Ampuero?
¿No? Pues bien, Daniel era un pequeñito de sólo 810 días de vida, hoy tendría 11 días más. Este niño murió y su cuerpecito se corrompe en un cementerio, tal como nuestra sociedad inmisericorde, indiferente, en silencio y ajena. Al nacer, su madre lo abandonó en la maternidad del hospital. Y lo que debió ser una potente luz roja de alarma fue la primera falla de un sistema que funciona mal, o no funciona. No se informó del abandono y tampoco se buscó al padre biológico.
El pequeño pasó a manos de Eliana Guerrero, una pobladora de corazón generoso que lo crió durante su primer año de vida, lo matriculó en un jardín infantil, donde sucedió la próxima falla: la directora, de apellido Armijo, a sabiendas de que la progenitora podría endilgarle maltratos al pequeño se lo entregó. Se dice que el infante estuvo en el Servicio Nacional de Menores (Sename), ente rector y suscriptor de la Convención de los Derechos del Niño, que dice que “el niño, por su falta de madurez física y mental, requiere protección y cuidados especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después de nacer”.
Pero aquí ni siquiera escuchó los ruegos de Eliana y su esposo, que clamaban la adopción. Y ahora viene lo peor: la causa de Daniel llegó a un Juzgado de Menores, lugar donde el menor fue sentenciado a muerte. La jueza dictaminó que fuera entregado otra vez a su madre y a su conviviente asesino, lugar y tiempo donde el menor fue maltratado y finalmente encontró la muerte. Hubo una vecina que escuchaba los lamentos del niño cuando era abusado: ella, en un criminal acto de omisión, no denunció los hechos.
Todo mal. Todo mal en el siglo de las comunicaciones.
En la vida de Daniel no hubo seguimiento, mal el hospital al no elaborar un informe de abandono inicial, mal la directora del jardín infantil al no detectar fallas en la conducta de la madre, pésimo el Sename al no haber propuesto a Eliana para la adopción del pequeño, criminal la actitud del Juzgado de Menores que no se esmeró en investigar la trayectoria de vida del infante y entregarlo a precio de vida al monstruo que lo parió y a su asesino. Mal la omisión criminal de la vecina que no denunció los maltratos.
Por último, si algunas instituciones no funcionan… acudamos al factor humanitario. ¿Y quién juzga a los jueces? ¿Quién a los que dictan las leyes? ¿Quién a aquellos que no cumplen con su trabajo?
Hoy ha pasado Navidad y por causa del tabaco ha muerto Miguel Alfaro (“Maikel”). Mis sobrinos Rafael, Lynette, Elina y Sylvia lo lloran, pero agradecen al Plan AUGE de Asistencia Domiciliaria y sienten que nunca estuvieron solos cuando llevaron a Miguel a la casa. Médicos, enfermeras, ambulancias, medicinas, balones de oxígeno, nunca faltó algo. Todo funcionó perfecto, también la humanidad de las personas que hacen bien su trabajo.
Las entidades que funcionan previenen los problemas. ¿Las otras? Lamentan los daños.
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Mujer, chilena y líder de las escuelas de Saint Paul...
MARCELA ESTIBILL
MINNEAPOLIS, ESTADOS UNIDOS