¿De vuelta al periodismo uniformado?
Al revés de la interpretación que efectuó Paulsen y algunos anónimos en medios electrónicos, pareciera existir una colusión mediática para ocultar la decisión de MEO y el hecho de que la elección está prácticamente empatada.
Como era relativamente esperable, los adherentes de Sebastián Piñera han reaccionado con violencia verbal contra Marco Enríquez-Ominami (MEO), debido a su decisión de votar por el candidato presidencial Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Parte de esa agresividad la han apuntado hacia La Nación.
Es curioso que una persona como Fernando Paulsen, que colaboró en la lucha por la libertad de expresión en Chile, quiera hoy que todos los medios de comunicación se uniformen, llevando un solo titular de portada: su reclamo a través del canal de televisión de Sebastián Piñera es que La Nación no llevó en su titular principal la tragedia de Haití y destacó con grandes caracteres la decisión de Enríquez-Ominami de votar por Frei. Puse las portadas de circulación nacional sobre mi mesa de trabajo y todas coincidían con llevar la situación de Haití como titular principal. ¿Estamos obligados a uniformarnos? Veamos las razones periodísticas para una u otra decisión.
En sus definiciones más básicas (podría ser innecesario decirlo, pero resulta útil cuando se confunde el análisis político con el comunicacional), el periodismo busca la rareza, la cercanía, la prominencia, por mencionar sólo las principales características de una noticia.
No cabe duda que, como decíamos al comienzo, la decisión de voto del ex candidato presidencial que acaparó el 20 por ciento de las preferencias en la primera vuelta es relevante. El es prominente. Su decisión puede determinar la elección del próximo 17 de enero. Desde luego, se trata de un hecho que afecta directamente a toda la población del país y, particularmente, a los electores que el próximo domingo deben tomar una decisión que marcará los destinos del país los próximos 4 años. Y, digámoslo, tiene rareza, pues el ex aspirante presidencial había provocado un prolongado suspenso sobre su decisión al dejar en libertad de acción a sus partidarios y mantener la línea de ataque simétrico a Piñera y Frei antes y después de la primera vuelta. De otra manera, no se justificarían los ataques que lo califican de “inconsecuente” por haber cambiado de opinión.
Dicho todo lo anterior, es imprescindible destacar que desde una perspectiva de marketing la característica fundamental de un producto para conquistar un segmento del mercado es la diferenciación. La única portada diferente el 14 de enero fue la de La Nación. Nuestro segmento de lectores es altamente politizado y si bien está interesado en lo que pasa en el mundo, su principal preocupación es la política nacional. Por cierto, la información sobre Haití es el segundo título en importancia de nuestra portada y llevamos tres páginas de información al respecto en nuestra sección Internacional.
Al revés de la interpretación que efectuó Paulsen y algunos anónimos en medios electrónicos, pareciera existir una colusión mediática para ocultar la decisión de MEO y el hecho de que la elección está prácticamente empatada: El Mercurio puso la decisión del ex candidato en el epígrafe de una crónica de su portada y no llevó el resultado de la encuesta MORI (el único sondeo independiente dado a conocer a cinco días de la elección); La Tercera llevó la noticia más destacada, pero sólo para restarle valor al hecho (“Enríquez matiza apoyo a Frei”). El sondeo de la empresa de Marta Lagos también fue ignorado en la portada del diario de Copesa. No vamos a decir que lo que hacen El Mercurio y La Tercera no es periodístico, pues ello implicaría una descalificación gratuita por el solo hecho de adoptar una línea editorial en función de su posición ideológica y sus intereses políticos. No obstante, su visión de la realidad está muy lejos de ser la única verdad. Es, simplemente, la visión de la realidad que esos medios tienen en función de sus intereses políticos.
La semana pasada asistí a un seminario latinoamericano donde un empresario brasileño dijo una frase que suena fuerte, pero se acerca bastante a la realidad: los medios de comunicación son aparatos ideológicos. La ideología es el sustento intelectual que justifica una forma de control del poder. Si, como esta misma discusión parece confirmar, estos aparatos ideológicos construyen distintas representaciones de la realidad, es fundamental para la democracia que existan diversos medios de comunicación para que se expresen todas las posiciones ideológicas, utilizando las técnicas periodísticas que favorezcan el entendimiento del lector y, por sobre todo, que eviten el engaño que implica esconder la posición ideológica propia tras un manto de supuesta objetividad.
Al contrario, el concepto que apunta a que es posible una total objetividad del periodismo puede ser la más cínica invitación al totalitarismo, ya que supone que todos podemos acceder a esa realidad objetiva y transmitirla de manera uniforme a la sociedad. Esta extendida idea es la que ha llevado a que sea sólo el mercado el que defina qué medios de comunicación sobreviven y cuáles no. El Estado se ha desentendido de su necesario compromiso con el pluralismo. La Nación es la excepción a la regla en periodismo escrito (el que forma opinión). El resultado es que si Sebastián Piñera llegara a ganar las elecciones, nos encontraríamos con un mercado de los diarios que respondería a una sola ideología, la del neoliberalismo.
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