¿A qué le teme Piñera?
Desde el 11 de marzo, tendrá que responder con hechos, más que con discursos, y debe inquietarlo la posibilidad de que sus adversarios lo traten como él los trató. O sea, que le paguen con la misma moneda.
“El mismo día en que los chilenos me honraron eligiéndome Presidente -afirmó Piñera el domingo 31 en El Mercurio-, no sólo asumí el compromiso de hacer un gobierno de unidad nacional para todos sin distinción, sino que, además, hice una invitación amplia a revivir el espíritu de la democracia de los acuerdos”.
Es muy distinto el cuadro actual al de los años del gobierno de Aylwin, cuando se iniciaba el proceso de transición, con Pinochet atrincherado en el Ejército y delegados suyos en el Senado. Entonces, el peligro de retroceso estaba a la vista y, razonablemente, el gobierno y la oposición priorizaron la búsqueda de consensos.
Hoy es notoria la solidez institucional del país. No hay riesgo de involución ni existe una situación de emergencia. Aunque Piñera afirma que el objetivo de alcanzar el desarrollo demanda grandes acuerdos -es lo mismo que ha dicho la Presidenta Bachelet-, ello no tiene por qué significar la disolución de las fronteras entre la coalición que ganó y la que fue derrotada. Otra cosa es favorecer las coincidencias que hagan progresar al país, como lo hizo la Concertación.
Piñera no habló de “gobierno de unidad nacional” en la campaña. Lo hace recién ahora, y eso mismo genera recelos. Dijo que encarnaba una “nueva manera de gobernar”, y se deducía que era muy distinta de la que ha estado vigente, por lo que el intento de reclutar algún concertacionista para el gabinete parece un recurso mediático para demostrar amplitud.
Es razonable que Piñera proponga fijar metas “que unan y no dividan a los chilenos”, pero el movimiento se prueba andando. No puede haber acuerdos en abstracto, sino en concreto. En otras palabras, no basta con apelar a la unidad nacional, sino que se requiere precisar para qué es esa unidad. La democracia incluye los acuerdos, pero también los desacuerdos. Y supone competencia.
Aunque Piñera no parece estar especialmente preocupado de ello, algunos dirigentes de su entorno tratan de perfeccionar la táctica de dividir a las fuerzas de centroizquierda que le abrió a la derecha el camino del triunfo. Dicho sea de paso, Pablo Longueira no ha recibido de parte del piñerismo el reconocimiento que merece por el prolijo trabajo de consejero de Enríquez-Ominami que realizó, con éxito resonante, en los meses decisivos (ver La Segunda, 15/01/2010).
Seguro que la preocupación principal de Piñera es el momento en que deberá tocar la guitarra. Sabe que, a partir del 11 de marzo, tendrá que responder con hechos, más que con discursos, y debe inquietarlo la posibilidad de que sus adversarios lo traten como él los trató. O sea, que le paguen con la misma moneda.
Lo curioso es que da la impresión de sentirse en minoría. Por eso, buscará generar simpatías más allá de sus votantes y apaciguar a la oposición, por lo menos en la primera etapa. Tratará de que su gobierno no sea identificado con la derecha conservadora y autoritaria.
Es probable que le provoquen desazón las posibles dificultades de interlocución con la sociedad civil, en particular con las agrupaciones estudiantiles y los gremios. ¿Cómo actuar, por ejemplo, frente a movilizaciones que desajusten su agenda y dejen al desnudo la debilidad social de su coalición?
No debe dejar de preocuparle, además, la eventualidad de que, al primer yerro, le lluevan los ataques. Al cabo de tantos años en la oposición, su equipo es inevitablemente inexperto en el manejo del aparato estatal, por lo que el aprendizaje demandará un tiempo de rodaje. Y los ciudadanos se han vuelto críticos e impacientes.
En todo caso, el deber de la centroizquierda es actuar pensando en el interés del país. No puede dar ninguna señal de actitud obstruccionista. Deberá juzgar las propuestas en su mérito y levantar sus propias alternativas cuando sea necesario. La posibilidad de que asuma una posición radicalizada e intransigente sólo la aislaría de la mayoría de los chilenos, y eso, qué duda cabe, sería un segundo triunfo de la derecha.
| Cultura |
|
| Ciudad |
|
| Magazine LND |
|
| Internacional |
|
| Magazine LND |
|
| Medios |
Mujer, chilena y líder de las escuelas de Saint Paul...
MARCELA ESTIBILL
MINNEAPOLIS, ESTADOS UNIDOS